Burton
and Taylor (2013) es una película de ficción biográfica para
televisión, hecha por la BBC, y dirigida por Richard Laxton. Retrata una
porción muy exacta de las vidas y carreras de Elizabeth Taylor y Richard Burton
–año 1983– cuando los actores hicieran una obra de teatro conjuntamente, Vidas Privadas, obra de Noël Coward.
A veces es mejor así. A veces, en el
cine, es mejor contar un pedazo que la historia entera, porque ese pedazo dice
la historia entera, a veces.
El extracto aquí elegido es uno ya
postrero de la pareja –ocaso artístico de ambos– y nos va dando esa acerba vida
compartida de detrás de los camerinos y las limusinas –esos cocoons emocionales
de los ricos y movie stars, que a veces dan pena– pero también,
equilibradamente, la ternura y la lealtad de estos dos amantes, con todas sus honestas
e inocentes faltas ortográficas.
Si hablamos de Liz Taylor y de Richard
Burton estamos hablando de una relación recurrente –atracción y destrucción: amor
tierno y quemante–cuya piel cayó y nació varias veces, tanto en lo laboral
(recordemos que ambos trabajaron en doce películas juntos) y también, por supuesto, en lo
personal.
Era un tema cinematográfico a explorar, un biopic de rigor: poner pues uno de
los momentos más importantes de esta simbiosis entre dos de los actores más
intensos que nos dio el siglo pasado, simbiosis mordida por el tacuazín de la
neurosis conyugal (pero también gloriosa en sus términos) sin caer por ello en
un morbo demasiado lívido. Es acaso una película justa para todos, aunque me
gustaría saber qué piensan los hijos de la pareja, y si están de acuerdo con lo
que allí se puso.
Como sea a la película le fue bastante bien,
y ello debido muchamente a los actores elegidos: los ingleses Helena Bonham
Carter (artista de gran majestad actoral, y esposa de ese otro Burton) y Dominic
West (el mismo de The Wire) que da un
performance que gusta.
A ver si nos damos a entender: Bonham
Carter y Dominic West son dos actores que representan en esta película a otros
dos actores, cuya vida es un teatro, y que dentro de ese teatro que es su vida,
hacen teatro de a de veras.
Por lo que se ve, ambos, Carter y West, se
metieron a camisa de once varas y salieron, ya lo creo, bien parados. Para
hacer lo que hicieron tuvieron que resolver toda clase de químicas, en un papel
difícil, papel además que de antemano iba a ser carne de escrutinio tanto de críticos
como de audiencias.
Al ver esta película uno entiende –o por
lo menos pregunta– muchas cosas sobre la pareja retratada y aquellos años. Agradecí
el filme sobre todo porque trajo a mi consciencia nuevamente a dos íconos
–Taylor y Burton, Burton y Taylor– que llenaron nuestras vidas de amor
feroz, actuación brillante y fotogramas inolvidables –oh tan inolvidables– y
las interpuestas zonas de fascinación que nos dan los amantes dorados que viven
en la borrasca diamantina del ojo colectivo.
(Columna publicada el 27 de septiembre
de 2013.)

Los amé en Cleopatra.
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