Para mí estos Oscar no prometen ser la
cosa memorable que quisiera, aunque la verdad nunca se sabe. Y de todos modos,
yo estoy vitaliciamente enamorado de los Oscar, con su lógica dorada. Hace un
año escribía yo un texto en esta misma revista al respecto, llamado “Se
vinieron los Oscar”. Lo encuentran en el blog.
La mitad de las películas nominadas a mejor
película ya las reseñé, hace unas semanas. Ahora continúo con la segunda parte
de ello, bajo un mismo entendimiento o tesis: de que todas estas películas tienen
que ver, en un grado u otro, con la sobrevivencia. No estoy hablando de una
mera sobrevivencia, sino de varios ordenes de sobrevivencia. Por ejemplo, The Big Short nos muestra cómo sobrevive
el más apto en el mundo de la especulación inmobiliaria. Bridge of Spies es la sobrevivencia en la era del espionaje de la Guerra
Fría. Brooklyn es una cosa de
sobrevivencia emocional e inmigracional. Mad
Max: eso es la sobrevivencia en estado puro, en un mundo posapocalíptico.
The Big Short (2015). Historia real. La peli está ubicada justo antes de que reventara una de los peores crisis crediticias y bancarias globales (crisis de 2007). Fue y es un momento mágico y digno de ser contado. Como la película veloz y financieramente savvy que es, The Big Short nos va contando una historia coral con mucho ritmo y jerga, sobre varios brujos simultáneos y coincidentes que supieron ver una oportunidad cuando el mundo se caía a pedazos. En términos generales, la historia bancaria es un collar de catástrofes no enmendadas, de crisis como perlas de oscuridad y cinismo, mientras todo el mundo come sangre. Lo que nos muestra muy bien la peli es como vivimos en la pura precariedad de las abstracciones, y lo hace incluso con cierta comicidad agradable, que nos cuartea aunque sea un poco el idioma ininteligible, intraducible, de las criptofinanzas. No extraña que sea divertida, pues el director, Adam McKay, viene un poco de la comedia, y también de los thrillers deportivos. Y en cierto modo estos brujos tienen algo de atletas de alto rendimiento. En este caso representados por actores muy formulados: Christian Bale, Steve Carell, Ryan Gosling y Brad Pitt. Cinematográficamente impecable, The Big Short es lo que Joy quiso y no pudo ser: una película fresca, relevante y virtuosa: tremendamente bien contada. Todos estamos de acuerdo: es un gran filme, y si tengo que elegir, uno de mis preferidos en el juego de los Oscar de este año. El Wall Street para los dosmiles.
The Big Short (2015). Historia real. La peli está ubicada justo antes de que reventara una de los peores crisis crediticias y bancarias globales (crisis de 2007). Fue y es un momento mágico y digno de ser contado. Como la película veloz y financieramente savvy que es, The Big Short nos va contando una historia coral con mucho ritmo y jerga, sobre varios brujos simultáneos y coincidentes que supieron ver una oportunidad cuando el mundo se caía a pedazos. En términos generales, la historia bancaria es un collar de catástrofes no enmendadas, de crisis como perlas de oscuridad y cinismo, mientras todo el mundo come sangre. Lo que nos muestra muy bien la peli es como vivimos en la pura precariedad de las abstracciones, y lo hace incluso con cierta comicidad agradable, que nos cuartea aunque sea un poco el idioma ininteligible, intraducible, de las criptofinanzas. No extraña que sea divertida, pues el director, Adam McKay, viene un poco de la comedia, y también de los thrillers deportivos. Y en cierto modo estos brujos tienen algo de atletas de alto rendimiento. En este caso representados por actores muy formulados: Christian Bale, Steve Carell, Ryan Gosling y Brad Pitt. Cinematográficamente impecable, The Big Short es lo que Joy quiso y no pudo ser: una película fresca, relevante y virtuosa: tremendamente bien contada. Todos estamos de acuerdo: es un gran filme, y si tengo que elegir, uno de mis preferidos en el juego de los Oscar de este año. El Wall Street para los dosmiles.
Bridge
of Spies (2015). Empecé
a ver este thriller real y natural de espías y pronto noté la cinematografía
tan clásica, tan elegante. No sabía quien la había filmado. No me extrañó luego
comprobar que había sido el propio Spielberg, que sabe sacarle el jugo a un
storyboard. Es una buena historia, solida y real. Escrita, por Matt Charman, y
por los hermanos Coen, lo cual explicaría ciertas salidas de humor. Figura Tom
Hanks. Nos retrotrae a un momento neural de las relaciones de la Guerra Fría:
justo cuando se levantó el Muro de Berlín. Yo diría que es una lección sobre
nuestras percepciones y prejuicios, por ejemplo ideológicos.
Brooklyn (2015). Historia de sobrevivencia, en
cierto modo, pero no es la historia de sobrevivencia de un inmigrante
hondureño, que se cagaría de la risa de ella. Aquí es más una cuestión de
sobrevivencia emocional, de sobrevivir emocionalmente un trasplante (Irlanda /
US). Un rito de pasaje, además una deriva hacia una especie de adultez, con
sentimiento gaélico. A lo mejor su mérito está en recrear una época y dos
latitudes. El vestuario es divino. La ambientación igual. Allí tienen ese Nueva
York, años cincuenta (tal como Carol,
ahora que lo pienso). La adaptación es del escritor Nick Hornby (High Fidelity). Es una película un poco
plana, para mi gusto. Pero qué voy a saber yo.
Mad Max: Fury Road (2015). La volví a ver. Casi nunca vuelvo a ver una película: no tengo tiempo para ello: pero la volví a ver: tanto me engasó. Mad Max: Fury Road tiene aroma de remake para las nuevas generaciones, pero no es un remake. Y cabal ahí está su genialidad: cómo consigue darle continuidad a aquel proyecto, pero sin embargo introduciendo una intensidad inédita. ¡Y es el mismo director! Sin traicionar el espíritu de las primeras, y más bien haciéndole un homenaje, y despertando un interés por ellas, el australiano George Miller reinventa, no solo la trilogía original, sino el género cinematográfico de acción. Esto es cine de acción de autor en su máxima expresión, y es completamente justo que reciba nominación a la gran estatuilla. Casi nunca nominan películas de acción, ¿pero a Mad Max negarle la estatuilla, la estatura? Hubiera sido un error.
(Contraluz publicada el 26 de febrero de
2016 en Contrapoder.)




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