El otro día
escribí una columna para El Periódico que tenía que ver con el Bruja, un
pandillero que aprehendieron por asesinar a una veintena de sexoservidoras,
entre otros cargos. Un tema que me interesa, nos debiera interesar a todos, provocar
indignación.
El interés es
ético, por supuesto. Pero también, en mi caso, estético. Del mismo modo que las
prostitutas liquidadas han estado siempre en la realidad, también lo han estado
en el arte (a veces en ambas dimensiones, como es el caso de Jack El
Destripador).
Se ha abusado
de ello, a no dudarlo. Es ya un perfecto truismo eso de que las putas aparezcan
muertas, que los asesinos seriales las busquen. Pero de otra parte hay algo de
inagotable en esta mitología, y es por lo mismo que el cine y la televisión han
sabido explotar esta mina de un modo tan sostenido.
Pensemos en
películas como Tightrope (1984), The Hillside Strangler (2004), Frozen Ground (2013). Ya solo los filmes
inspirados en Jack The Ripper son un catizumbal, como Murder by Decree (1979) o From
Hell (2001). El cine latino
también se ha acercado al tema del asesinato de servidoras del sexo, y aquí
podemos mencionar la cinta mexicana Las
Poquianchis (1976).
Pero no es mi
intención convertir esta columna en un recuento. La lista de hecho es demasiado
larga para ponerla toda, más al incluir todas las películas serie b.
Prefiero en
todo caso recordar uno de los momentos más paradigmáticos del género (pues eso de
las prostitutas asesinadas es ya un género por derecho propio). Me refiero a
ese momento cuando Christian Bale deja caer una motosierra sobre un mujer en
pánico en American Psycho (2000). Pueden
buscarla en YouTube como “american psycho chainsaw scene”.
Recordemos la
escena: la prostituta, horrorizada al ver que Bale (bueno, su personaje Bateman)
ha desgarrado a la otra mujer con los dientes, sale corriendo, en plan histeria,
por los pasillos del apartamento. Entra a un closet, en donde hay dos cuerpos
colgados, envueltos en plástico. Eso y ahí viene Bale en tennis y desnudo y
cubierto en sangre, con una regular motosierra, para cercenarla con rabia. Ella
corre, se encuentra entonces con ese otro cadáver, en el baño. Bale le muerde
la pierna, ella lo patea, grita (y él también: “Not in the fucking face, you
piece of bitch trash!”). Los violines, en el éxtasis de la truculencia. Por fin
ella consigue salir del apartamento, va tocando en todas las puertas del piso,
pero resulta que el edificio está completamente vacío. Sus alaridos, paridos por
el horror, la llevan a las escaleras, por donde baja, pero Bale, el musculoso
Bale, que está arriba, apunta, suelta la motosierra, que cae, gira, en la gravedad,
da justo, milagrosa, en la presa. La sangre corre por el piso.
Es una escena
magnífica.
(Contraluz publicada el 12 de febrero de
2016 en Contrapoder.)

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