Incongruencias, asimetrías de la vida cinéfila: ver el mismo día
una película como Ciudad de huesos
(2013) y otra como Bronson (2008).
La primera es una réplica de Twilight, pero aún más execrable,
clientelar y teentotalitaria. Y el genocidio de todo lo que es bueno y santo en
la pantalla. No soporté verla. El Ángel Cinematográfico perseguirá a los
responsables de esta dulce gelatina vomitiva, de la cual no hablaré un segundo más
(tampoco hablaré de esa otra fullería sentimental titulada Un amor entre dos mundos, de 2012, que anunciaba algo bueno –dos
ciudades contrapuestas en un mundo con gravedad dual– y acabó siendo una pérdida
de tiempo para mis retinas).
Pero en cambio Bronson,
la otra película, qué ambrosía, qué néctar, qué agasajo. La puede conseguir Vd.
con el Buki. Está basada sobre Charles Bronson, no el actor, sino el preso,
quien diera a la vida de encarcelamiento el estatus de estrellato. Rockstar de
los barrotes, bloque volcánico de músculo, odio, humor desmedido y anarquía, máquina
para darse verga, muy dado a secuestrar presos y guardias como a realizar
protestas novelescas en los techos de las prisiones, y todo eso le ha valido
décadas en reclusión solitaria (treinta y seis años exactamente, de los cuarenta
que lleva en el tambo). Líbrenos Dios de encontrarnos en un callejón oscuro con
un calvo tan incendiario, tan poco filosófico, tan psicópata, tan predador y
tan delirante como Charles Bronson, con su moustache salpicada de sangre. Bronson es una película del director
Nicolas Winding Refn, quien puso soluciones cinematográficas muy artísticas en el
caldo. Una representación muy cabal de quien ha sido llamado el preso más
violento de Gran Bretaña, en un país en donde los presos no deben de ser exactamente
ternuritas o quetzalitos. El actor escogido fue Tom Hardy, que para mí es (pero
por mucho) uno de los actores más estimulantes en el ambiente, y que bien sabe
interpretar chicos rudos (como se viera en Lawless
o The Dark Knight Returns).
He estado viendo últimamente muchas bukilikas. Cosas muy distintas,
como: French Cancan, la película de
Jean Renoir de 1954 (con una espectacular y voluptuosa María Félix, por cierto);
Dead Snow (2009), película noruega de
zombis nazis, que cumple con todas las reglas y lugares comunes del género
slasher, extremadamente divertida; The
Killers (1956), el filme de
estudiante de Tarkovsky (en realidad una colaboración directorial) basado en
una historia de Hemingway; Una esposa
sacrificada (1974) (cuando los
japoneses se ponen enfermitos con el sexo, esto es el resultado, y Dios
guarde); no me disgustó para nada ver La
vida de Emilio Zola (de 1937) que sobre todo se centra en la vinculación de
Zola con el sucio caso Dreyfus.
Eso en cuanto a las bukilikas. En la tele me topé con una cosa que
me gustó decisivamente: A Love Song for
Bobby Long (2004), con John Travolta, Scarlett Johansson, y Gabriel Match.
Un setting brujo (New Orleans), un soundtrack memorable, y una historia
perlática, con mucha literatura y alcohol. Películas insulares que a veces el
cable barato nos rinde en noches perdidas.
Otra película con suficiente literatura es Kill your darlings (2013), radicada en ese momento cuando
coincidieron cósmicamente Ginsberg (Daniel Radcliffe), Kerouac (Jack Houston),
Burroughs (Ben Foster, siempre tan bueno). Es la época de Columbia, que se fue
oficialmente a la mierda cuando Lucien Carr (Dane DeHaan) mató a su amante
David Kammerer (Michael C. Hall) y lo tiró al Hudson. Una muerte artística,
como verán.
Otra película que también nos da una muerte artística es Gran Piano (2013). Filme corto,
inevidente, coreografiado con impecabilidad, maquinaria cinemática de mucho
ritmo. Se nota que el director tiene muchas herramientas. A veces me pareció
detectar una fragancia a Polanski (y otro crítico diría que a Hitchcock) en su
manera de hacer las cosas. Un pianista
se ve en una situación afilada en donde tiene que tocar un concierto
complejísimo sin fallar una sola nota, para que no liquiden a su mujer. El filme,
más bien corto, se me cayó un poco al final, pero en términos generales pude
apreciarlo. Con Elijah Wood y John Cusack. Estén bien.
(Columna publicada el 28 de marzo de 2014, en ContraPoder.)

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