Arrancando un nuevo año de Contraluz. Les dejo tres opciones
chulas para calentar motores. Por demás, estamos felices de que enero ha
llegado: temporada de premios.
Winnie Mandela (2011). De la muerte de Mandela se desprendió un gran polen
poderoso, una gran substancia de homenajes, elegías y documentales. A dos días
de su muerte, estaba yo viendo esta película, que no había visto, y que es un
retrato de Winnie Mandela, esposa por mucho tiempo del líder sudafricano, y
todo un personaje por su cuenta. Sin ser un biopic extraordinario, es suficientemente
correcto, quizá porque no ignora ni lo fétido ni lo heroico, y nos ha gustado
porque siendo un retrato de ella también lo es de él. Con las actuaciones de
Jennifer Hudson y Terrence Howard.
Vida de Motel (2012). Un filme con código. Qué guión, qué actores, qué señor
resultado. Esta película, de los hermanos Posky, tiene entraña, condición
humana, no es pretenciosa, es sencilla, es sublime. Damos gracias al departamento
de casting que puso a Emile Hirsch (sí, el de Camino salvaje, de Sean Penn) con Stephen Dorff (sí, el de En un rincón del corazón, de Sofia
Coppola) con Dakota Fanning (sí, la de I
am Sam, de Jessie Nelson). Por supuesto, la historia es magnífica, y la
historia sale de un libro homónimo, escrito por Willy Vautin, que hay que
apurarse a leer. Filmada en Reno, la película tiene locaciones escarchadas,
empapadas de desesperanza, una atmósfera que es un puro vientre de desencanto. Animaciones a cargo de Mike Smith, muy chileras.
Todos tenemos un plan (2012). Es una co–producción (Argentina, España, Alemania). Leí
un par de críticas desestimulantes, pero yo la recomiendo, es una historia
seria. Dirigida por Ana Piterberg, y actuada por un reparto muy erguido, del
cual forma parte Viggo Mortensen, que como se sabe habla perfectamente el castellano
argentino, pues en Argentina vivió. Viggo Mortensen es una criatura
cinematográfica perfectamente confiable; todo lo que toca lo convierte en oro. Aquí
hace de unos hermanos gemelos, los dos con definiciones actorales muy
distintas, y por supuesto sacó el brete sin problema. Todos tenemos un plan está situada en un lugar delirante, en el
Paraná.
(Columna publicada el 17 de enero de 2013.)



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