Curtido (2)



Es hora, parece, de un segundo curtido.

Si quieren empecemos con Woody Allen, el perito, el maestro, de quien acabo de leer una historia encantadora, llamada “El episodio Kugelmass”. Allí la encuentran en internet. Woody Allen es un escritorzaso, eso se ve claramente en sus guiones, que no simulan sino son. En 2013 nos ha liberado su filme Blue Jasmine. Con Cate Blanchett y Alec Baldwin. Alec Baldwin, que también figuró en el filme A Roma con Amor, de 2012, una de las películas menores de Allen, pero incluso las películas menores de Woody Allen tienen gracia, y a lo mejor no son menores. Es costumbre de Woody Allen celebrar las grandes ciudades burguesas del mundo, y si aquí es Roma, antes han sido Nueva York o París.

Una película que también celebra la ciudad de París es Adèle y el misterio de la momia (2010), de Luc Besson, basada en el cómic de Adèle Blanc–Sec, escritora y periodista de múltiples aventuras y excursos. Bonita.

Recién vista –Luc Besson, otra vez– es La Familia (2013), con Robert De Niro, Michelle Pfeiffer, y Tommy Lee Jones. Gángsters y tiros. Comedia de acción, a lo mejor nos gustó. Nos gustó más en todo caso que Tiempo de Caza (2013), asimismo con Robert De Niro, que figura aquí junto a John Travolta, como serbio psicópata. La peli prometía mucho, y terminó aflojándose demasiado al final. Una historia de cacería humana.

Y otra historia de cacería humana que sí hemos apreciado es Caza al asesino (2013) con Nicolas Cage y John Cusack, sobre la captura de Robert Hansen, un asesino en serie que habrá matado a por lo menos unas diecisiete mujeres (pero es seguro que fueron más). Una cosa horrible, que se me fue mezclando en la psique con el caso de la Siekavizza.

Pero sí quieren ver un filme superior sobre muerte y secuestro, vean Prisioneros (2013), con Hugh Jackman (recién diagnosticado de cáncer de piel, por cierto) y Jake Gyllenhaal, Viola Davis, Maria Bella, Terrence Howard, Mellisa Leo, Paul Dano. Es un gusto ver interactuar a semejante clase, y clero, de actores. Este filme es algo así como El Silencio de los Inocentes para esta década, con tour de force bien planteado. Una peli apretadísima y simultáneamente paciente, elongada. Cumple con el precepto maileriano que observa que “el propósito del arte es intensificar –incluso, si es necesario, exacerbar– la conciencia moral de la gente”. Así pues nos encontramos con un thriller moral, en donde víctima y victimario se borran, en donde buenos y malos son fantasmas equivalentes.

Para quitarse el espesor de Prisioneros, pueden ver algo verificadamente anodino como Los Becarios (2013) con Vince Vaughn y Owen Wilson. Pero mejor si ven la última de Riddick, que se llama, sencillamente, Riddick (2013). Yo soy hiperfan de este personaje hermoso, y he visto todas las películas suyas, incluida la animación. Algún día le dedicaré una columna entera, eso ténganlo por seguro. Le podemos dar gracias a Vin Diesel por esta figura memorable de ciencia ficción. Hemos estado pensando en Vin Diesel, y hemos estado pensando en Paul Walker, su co–estrella de Rápido y furioso, que murió en un accidente freak hace muy poco. Una pena.            

Películas extranjeras he visto pocas últimamente, desde las surcoreanas que reseñé en la última edición de Contraluz. Una que sí vi en su momento es Persépolis (2007), una animación cuyo contexto es el Irán de las últimas décadas. Bien vale la pena verla.

En fin, estén bien en estas navidades, manejen con cuidado, caminen por la sombra, y siempre sobres.



(Columna publicada el 20 de diciembre de 2013.)

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