Outlaws, ladrones, y locos

Pues allí les va: tres películas para aquellos que viven fuera: outlaws, ladrones, y locos.

El Llanero Solitario (2013). Una de vaqueros. Producción de Jerry Bruckheimer, que vuelve a servirse de Jonny Depp (y viceversa) en otra megaproducción altamente coreografiada. Depp funciona muy bien como el indio Tonto, con una mezcla de sabio y de trickster. En general, Depp acierta con todo lo que hace, salvo raras excepciones (no me gustó cómo leyó –y adulteró– su personaje en Alicia en el País de las Maravillas). Como el Llanero Solitario, tenemos a un Armie Hammer (ya lo viéramos como secundario en La Red Social) que saca la talacha. En su listado de las 10 películas top para el 2013, Tarantino puso The Lone Ranger.

Ahora me ves… (2013). El guión, sobre magos, es magia por derecho propio (un juego bien emplazado de ilusionismo, con tour de force al final). Pero además tuvieron el tino de echar a rodar la historia con actores muy correctos. Estamos hablando de: Mark Ruffalo, Jesse Eisenberg, Woody Harrelson, Isla Ficsher, Dave Franco, Mélanie Laurent, Morgan Freeman, Michael Caine. Uno, desde que era chiquito, leía las historias de Arsène Lupin, y por eso ama a los ladrones con código, con misterio, y con escuela. 

El carro de Jayne Mansfield (2012). Dos familias son obligadas a reunirse, a raíz de una muerte común… Mencionemos por favor a los actores, qué actores: John Hurt, Robert Duvall, Tippi Hedren, Kevin Bacon, Robert Patrick, Ray Stevenson, Shawnee Smith, y bueno, Billy Bob Thornton (que rinde un monólogo memorable). Por cierto: Billy Bob Thornton funge de director, y sus decisiones a lo largo de la película unen de un modo muy privilegiado lo exacto y lo fuera de lugar, en una historia en donde hay dialéctica generacional, choque de idiosincrasias, y algo de esa locura sonora que se instala en las familias (y en donde cada miembro tiene su propio agujero de demencia personal) con la guerra como fondo distante, y como fondo cercano la paz hermosa y funeral de un pueblo del Sur.



(Columna publicada el 25 de octubre de 2013.) 

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