Dos Cronenberg






Dos películas de Cronenberg. La primera de Cronenberg padre; la segunda de Cronenberg hijo.

+ + +

Cosmopolis (2012). David Cronenberg, gran cineasta de lo glandular y lo orgánico. Y sin embargo, su filme Cosmopolis nos ha gustado más bien por sus settings ascépticos en la era volátil de las finanzas digitales (mucho hemos evolucionado desde que evolucionó la Mosca). Cosmopolis es la adaptación a la vez clarísima e imposible de un libro, genial desde el título, de Don DeLillo, y la mejor película que vi el año pasado. Lleva las posibilidades del cine a una zona completamente inédita que da ilusión. Demasiado extravagante para ser descrita, es acaso lo que sería el surrealismo si Breton lo hubiese inventado en la etapa espectacular del capitalismo, con la frialdad quirúrgica y catódica de los potentados de Manhattan convergiendo con manifestaciones que son performances incontrolables, salvajes y dadá, todo ello en medio de aceleraciones discursivas y succionamientos filosóficos. ¿No es Cosmopolis la primera película verdadera del siglo xxi, de esta ultimidad que estamos viviendo? Me parece que ya no le dieron la Palma a la que estaba nominada, en Cannes, el año pasado. Pero eso no importa: yo la vi, la aprecié, en el cuarto a oscuras, sabiéndome poseedor de un momento levitado del cine, vi a un Robert Patterson suficientemente ungido, muy lejos de su carácter de Twilight, libidinoso y desexuado a la vez, interactuar con actores nada desdeñables como Sarah Gadon, Juliette Binoche y Paul Giamatti.
                                                           
+ + +

Antiviral (2012). Película de Brandon Cronenberg. En ella, las enfermedades infecciosas de las celebridades son marketeadas y viro–vendidas a los fans, un gran negocio, y hasta se estila comer carne comestible hecha a partir de sus tejidos celulares. El stardom llevado a la singularidad biológica. Nos movemos en espacios clínicos con una blancura lucasiana tipo THX 1138, que contrasta con las pústulas, las sangres, los herpes y correosas secreciones. Todo eso es ya trama suficiente. Pero además la peli es una policíaco apretado, que tiene que ver con una suerte de piratería de lo infeccioso, y en donde el personaje dominante, Syd, se ve envuelto en una trama angustiada. Si Cosmopolis, del Padre, fue lo mejor que se viera el año pasado, Antiviral, del Hijo, es lo mejor que uno ha visto en lo que va del año. Nos ha gustado por su espíritu ballardiano, por su capacidad de prever y preguntar, por su geometría fílmica superior para una opera prima. Brandon Cronenberg ha heredado epigónicamente de su padre la obsesión por el gore biológico y el tándem tecnología_fisiología. La transmisión es perfecta. El linaje está a salvo.

+ + +

Así pues: tenemos al Padre, tenemos al Hijo, y entro los dos han parido al Espíritu Santo; y es un Espíritu Riguroso, Oscuro, Linfático y Apocalíptico.


(Columna publicada el 2 de agosto de 2013.) 

No hay comentarios:

Publicar un comentario