Tres subacuáticas

En el mar la vida es más sabrosa, cantaba Carlos Argentino, pero, mirándolo bien, le faltó agregar que también la vida es más mutante, más oscura, más intestinal, más hilarante. En las aguas extranjeras encontraremos toda clase de aventuras y personajes chiflados. A continuación presentamos tres películas que ocurren dentro del mar y los mares.


Black Sea (2014). Jude Law es perfectamente capaz de hacer personajes suavecitos, como en Alfie (2004), o de hacer personajes duros y nada vegetarianos como en Dom Hemingway (2013). En el caso de la cinta británica Black Sea hace de tipo duro, en un thriller que ocurre la mayor parte dentro de un viaje y viejo submarino. Funge allí como capitán, liderando a un equipo de mercenarios –mitad inglés y mitad ruso– que busca un tesoro localizado en un sumergible nazi hundido en el Mar Negro. Por supuesto, todo degenera y se va saliendo de control, en la medida en que la política y la ambición empiezan a apoderarse del proyecto. La norma comprobada es que por unos dólares, por unos euros, por unos oros, esos humanos aparentemente colaboradores y solidarios pasan a ser unos canallas.


Veinte mil leguas de viaje submarino (1907). Se comprende que es una adaptación –una de tantas– del libro de Verne, ese libro tan cine–suministrante. Curiosamente, no es la primera versión cinematográfica del mismo, me entero. Le antecede una versión del americano Wallace McCutcheon, lo cual es ya un dato delirante. Pero, para ser honestos, la película silente de Méliès no es una adaptación del libro de Verne, solo se llama igual, aunque de hecho fue inspirada por el mismo. Se diría que más bien se burla de él, lo desnaturaliza por medio de su humor voluntario o involuntario. Hemos de recordar que Meliés se inspiró en varios libros de Verne, en cuenta, famosamente, su De La Tierra a la Luna. Veinte mil leguas de viaje submarino dura una decena de minutos, por lo menos la versión incompleta que guardamos. En You Tube encuentran la versión clásica pero también alguna otra musicalizada. A pesar de la vulnerabilidad visual de este material tan viejo (de hace más de un siglo) se siente no obstante la fuerza dramática de la historia y del personaje, cuyos gestos expresivos e histriónicos nos van rindiendo su asombro, su curiosidad, ante las criaturas, peces, vegetaciones y ninfas bailantes que lo van encapturando. Al final, resulta ser todo el sueño de un pescador. Allí vemos a Méliès como lo que es: un pionero, un mago del prop, una maestro de la escenografía, un genio de inteligentísimas soluciones.


Bob Esponja: Un héroe fuera del agua (2015). El subtítulo de la película parece contravenir todo el tema de esta columna, pero ustedes háganle huevos, y además la película de veras empieza subacuáticamente. Es una aventura asociada, como otras muchas de Bob Esponja, a la receta de la cangreburger, robada por un pirata con pretensiones muy capitalistas, representado por Antonio Banderas. No sé si es mejor que la primera película de Bob Esponja, seguramente no, pero aguanta, y además aquí vino en 3D, con figuras que fueron generadas por computadora, lo cual es siempre, supongo, interesante.



(Contraluz publicada el 5 de junio de 2015 en Contrapoder.)  

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