Parece que hay momentos cuando nuestra vida se
va por el tubo, pero luego resulta que en ese perder hay claramente un ganar y,
en la espuma sucia del tocar fondo, una oportunidad brillante emerge, una nueva
arquitectura, una nueva definición. Las siguientes cuatro reseñas tienen que
ver con eso, están dedicadas a la memoria y actualidad de aquellos que
surgieron de las cenizas, contra todos los pronósticos.
St.
Vincent (2014). Cuando Dios puso a
Bill Murray en el diccionario de la vida, hizo por fin algo decente. Adoramos
los flicks de Murray. Y no solo los artísticos tipo Wes Anderson, aunque
también. Adoramos los flicks de Murray, y St.
Vincent, la película de tonalidad independiente de Theodore Melfi, no es la
excepción. Aquí Murray hace de un pueril apostador alcohólico, un cabrón sin
intendencia ni esperanza, que por cosas del destino termina fungiendo como
niñero de un patojo encantador. El momento donde sale Murray despistadamente cantando
a Dylan no tiene precio.
Before I
disappear (2014). La historia de
siempre: el junkie, confuso y nada infuso, quiere quitarse la vida. Como en St. Vincent, un niño –bueno, una niña–
sirve como catalizador para que el protagonista reaccione y vuelva a la vida.
Los niños a veces hacen eso: catalizan, nos dan el urbi et orbi que necesitábamos
para volver a levantarnos, para que una noche suficientemente infrahumana
termine con un poco de maldita luz. Before
I disappear es una adaptación a largometraje del corto llamado Curfew, de 2012, que ganara un Oscar. El
resultado no es asqueroso.
The
Gambler (2014). Ahora no es un
junkie, sino un apostador, pero no de caballos, como Murray, sino de cartas: a
Mark Wahlberg le gustan las cartas, el rocanrol de las cartas, le gusta jugar a
lo grueso en ambientes nocturnos de muy baja estofa, y ahora tiene deudas muy
pesadas, la clase de deudas que un profesor universitario de literatura, por
muy brillante que sea, no quiere tener encima, y la clase de acreedores nada
sutiles, y nada frutales, que te hablan muy directo y te pueden engusanar muy
pronto la vida, si no cumples con el deadline. Filme fresco y divertido. El
personaje de John Goodman es memorable. También sale Jessica Lange, realeza. La
música me parece que nos encantó.
A Most
Violent Year (2014). Con Oscar Isaac, a
quien todos los guatemaltecos llaman guatemalteco. Un poco jalado, si me lo
preguntan. Si a los cuatro años te mudan a Florida, vamos, eres estadounidense.
Pasa que los chapines cargamos con una identidad y una autoestima tan de veras
desnutrida que reclamamos lo que podamos como propio, con tal de sentir un poco
de dignidad, entre tanta derrota. En vano, por demás: Belice es que ya lo
perdimos hace rato. En fin, el tipo es un actor macizo, y eso se ve en
exactamente todo lo que hace. Aquí ya reseñamos The Two Faces of January y es posible que Inside Llewy Davis, la de los Coen, y reseñaremos más adelante la
magnífica Ex Machina. A Most Violent Year es una película
sobre la dificultad de mantener la integridad en los negocios, en un ambiente frío,
corrupto y comprometido. Recomendable.
(Contraluz publicada el 8 de mayo de 2015 en
Contrapoder.)




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