Curtido (13)

Vistas tres películas sobre tres artistas de verdad, y son: Mr. Turner (2014); Get on up (2014); Big Eyes (2014).

Mr. Turner, de Mike Leigh, concierne el artista decimonónico J. M. W. Turner, cuyos cuadros fueron pasionales tormentas en los salones británicos de pintura. El mundo es un pantano y un urinario, pero siempre tendremos este filme, por demás nada complaciente, con un virtuoso Timothy Spall (su actuación le valió presea por mejor actor en Cannes 2014).

Get on up, del director Tate Taylor (sí, el mismo de The help), nos lleva a la vida inspirada de James Brown, el de los pies ligeros, el de los pies como navajas de negra electricidad en el escenario. Nos ha gustado el performance actoral, por supuesto, pero además acreditamos las soluciones narrativas del filme.

Big eyes, de Tim Burton (aunque no especialmente burtoniana), trata de la artista Margaret Keane, condenada por su marido a un ominoso anonimato artístico. El marido era el que firmaba los cuadros, el muy cabrón, cuando ella los pintaba.
           
Es un tópico que hemos visto en otras películas. En Lecciones de amor (2013), Clive Owen es un escritor alcohólico que roba y firma descaradamente un poema de su hijo, para conservar su empleo. Algo similar ocurre en Rudderless (2014), donde un ex publicista, también dipsómano, pretende propias las canciones de su vástago muerto.
           
Ah sí, mucha corrupción y engaño en el mundo artístico. Y en el mundo de la política no digamos. Y para demostrarlo allí está la tercera temporada de House of Cards, que Netflix nos liberó enterita hace unas semanas. Frank Underwood haciendo rally en las primarias. No sé si esta temporada es superior a la segunda, pero ciertamente vale la pena verla. También asociada a la política, hemos vista la película italiana Viva la libertà (2013), con nuestro admirado Toni Servillo. Pero quizá el material más relevante a mencionar aquí es Citizenfour (2014), documental que ganó el Oscar a mejor documental, en los Oscar, sobre el ex agente de la CIA Edward Snowden. Un tour de force.
           
El mundo del cine también tiene su dosis de corrupción. En efecto, hay películas que son corruptas, es decir malas, es decir pésimas. La otra vez veíamos con mi mujer una mexicana que se llama Amor de mis amores (2014). Y luego otra, también mexicana, llamada Canon (2014). Se dirá que soy un exagerado, pero preferiría que me clavaran el escroto a la mesa con un gran clave oxidado antes que volver a pasar por la experiencia de ver esas de esas dos indignidades. ¿Quién financia estos bodrios? Está claro que no todo el mundo puede ser Iñarritu.

Si Vd. quiere ver una película latinoamericana meritoria le sugiero que mejor vaya por el lado de Relatos salvajes (2014), de Damián Szifron, nominada al Oscar para mejor película extranjera, y compuesta por seis cortos muy bien escritos, con ese humor negro que los argentinos saben a veces dar.


(Columna publicada el 10 de abril de 2015.)

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