Cadenas palescentes, cadenas demagógicas,
cadenas sin oficio, circulando en el face. Yo no es que quiera desearle mal a
nadie, pero ojalá que sus entusiastas: 1) sirvan de pararrayos en una esquina
horrible de la ciudad; 2) mueran como consecuencia de ello; 3) no reciban el
indulto celestial; 4) sean seccionados–diseccionados por toda la eternidad por un perverso factótum de Satanás.
Menos mal que, así como el can busca el
culo del otro can, el universo busca siempre alguna clase de equilibrio. Equilibrio
aquí consiste en que, si bien hay multitud de cadenas porquerizas en fb, también
hay las otras que en cambio y en conjunto nos parecen menos desdentadas y más
estimulantes. Como la que me enviara mi propia esposa, y cuyo reto consistía en
publicar en mi timelime durante siete días un fotograma de una película en
blanco y negro.
Mis fotogramas fueron extraídos de los
siguientes filmes: Metrópolis de
Fritz Lang (1927); la peculiar para su tiempo Freaks
(1936); la genialmente desafortunada Plan
9 from Outer Space (1959); Stranger
than Paradise (1984), del originalísimo Jim Jarmusch; Tetsuo (1989) porque nos gustan las pelis asiáticas zafadas; La Haine (1995), con un joven Vincent
Cassel; 13 Tzameti (2005), onda
nada rosa, en el negocio de la ruleta rusa.
Por supuesto, me quedé picado con eso de
las películas blanco y negro. Así que a continuación voy a dar otras siete
opciones de películas en blanco y negro para el lector de Contrapoder. Se trata
de un listado íntimo de licas que han marcado de cerca a este preciso servidor.
Y son: Un perro andaluz (1929) de Buñuel–Dalí; Ciudadano Kane (1941), de nuestro amigo Orson; Psicosis (1960), del gran Hitch; la delirante Dr. Strangelove (1964) de Kubrick; Eraserhead (1977), por David Lynch; la hilarante Clerks (1994) de Kevin Smith; y Pi (1998), opera prima de Aronofsky.
Allí las tienen.
Comprendan que este listado no implica
realmente un juicio de valor. ¿Cómo introducir un criterio, cuando hay cientos
de películas en blanco y negro meritorias, empezando con el Viaje a la luna (1902), de Méliès, y
terminando con Blancanieves (2012) de
Pablo Berger? Uno podría citar películas como El Gabinete del Doctor Caligari (1920); El acorazado Potemkin (1925); Dracula
(1931), con Béla Lugosi; Olympia
(1938), de Leni Riefenstahl; la universal Casablanca
(1942); The Lost Weekend (1945),
de Billy Wilder; Rashomon (1950), de
Kurosawa; Cat on a Hot Tin Roof (1958),
con Liz Taylor y Paul Newman; 8 ½ de
Fellini (1963); Cul–de–sac (1966), de Polanski; Stalker (1979), de Tarkovsky; Raging Bull (1980), de Scorsese; la
burtoniana Ed Wood (1994); el
cómic–filme Sin City (2005); o la
oscarizada The Artist (2011).
Por mencionar algunas.
(Contraluz publicada en revista
Contrapoder.)

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