El cable para mí sigue siendo relevante,
aún cuando ya estamos en eso del streaming. Hay algo que el Netflix no nos da,
y que es sagrado: se trata del zapping, el arte dinámico de migrar
constantemente de canal en canal, yendo a donde uno le venga en gana. En un
contexto de zapping, uno se puede quedar viendo incluso un poco de
entretenimiento tonto, como las Kardashians o Next Top Model, sin ser
infectado. Dos minutos, y se pasa a otra cosa. Ahora que se ha venido la
temporada de premios para cine y televisión, el cable me interesa
particularmente, porque soy de los que me disfruto mucho esas ceremonias, y al
parecer no soy el único.
Hace un par de semanas presenciábamos en
el cable los Golden Globes. Hemos visto –y ya reseñado algunas– de las
películas que portaban una u otra nominación. Películas como Boyhood (2014), filmada a lo largo de
doce años; The Theory of Everything (2014),
sobre Stephen Hawking; Still Alice (2014),
dura pieza sobre el alzheimer, con la muy genial Julianne Moore, y quien
también sale en la cronenberiana Maps to
the stars (2014); Nightcrawler (2014),
oscura, certificable; The Grand Budapest
Hotel (2014), una de las mejores, a no dudarlo, del año pasado; The Book of Life (2014), animación
simpática basada en el día de los muertos mexicano, y en cuya producción
participó Guillermo del Toro; The Judge
(2014), con Robert Downey Jr; no dejen de ver Birdman (2014), de Iñarritu, nominada a mejor película en los
premios Oscar; no perdería mucho tiempo en cambio con Into the Woods (2014): nos gusta Broadway, pero no siempre migra al
cine con gracia.
Toda películas que he conseguido con mi
vendedor de licas pirata, un profesional, y que me da materiales frescos y
actuales que el cable no me puede dar. En la última camada le compré alhajas
como The Homesman (2014), un western a
venerar dirigido por Tommy Lee Jones; The
face of love (2013), con Ed Harris y Annette Benning, relato de amor y de
muerte; Fury (2014), el jabalí
sangriento de la Segunda Guerra, desde la perspectiva del heroísmo pero también
de la alteridad; Venus in fur (2014),
de Polanski, ah, extraordinaria; Night
moves (2013), acercamiento al ecoterrorismo; The Physician (2013), estimable en estos tiempos de odio al Islam; Million Dollar Arm (2014), para los
amantes de los filmes deportivos; Magic
in the Moonlight (2014), una película menor de Woody Allen; The Good Lie (2014), historia real sobre
refugiados sudaneses; The Walk of Shame
(2014), una comedia para no pensar; El
hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos (2014) le gustará a muchos, menos
a los criptolectores de Tolkien, que se escandalizan con las licencias de
adaptación de Peter Jackson; Life After
Beth (2014), comedia noir sobre zombis; Dracula
Untold (2014), ya saben; La
entrevista (2014), basura bestial que causó una gran tensión diplomática
entre Corea del Norte y Estados Unidos.
Si lo de ustedes es la ciencia ficción
pueden ver la estimulante Edge of tomorrow
(2014), con Tom Cruise, un juego narrativo corpuscular; a todos nos gustó Guardians of the Galaxy (2014), ¿o no?; The Giver (2014) en cambio la califico
como una cosa pobre para pobres bastardos socialdemocrátas.
Con el Buki –allá en el Amate– siempre
se consigue material elevado y sináptico. La última vez que le visité le compré
en el acto tres películas de Gaspar Noé: Carne
(1991), Irreversible (2002), y Enter the Void (2009). Ya otro día le
dedicaré una columna entera a este genio franco–argentino. También conseguí Antichrist
(2009). No sé cómo no la había visto todavía, y más cuando se supone que yo a
Lars von Trier lo conozco bien y de antes, desde su época de Dogma. Contiene
una imagen violenta de agresión al falo, que algo nos recuerda a aquel clásico
de Nagisa Oshima llamado El imperio de
los sentidos (1976). El imperio de
los sentidos es un viaje al trueno sangriento del placer (ubicable asimismo
con el Buki, junto a El imperio de la
pasión, que le valiera a Oshima el Cannes). Una película notable que conseguí fue Il Divo (2008), de Paolo Sorrentino, mostrándonos el funerario poder
político italiano. Sorrentino, recordemos, se llevó el Oscar a mejor Película
Extranjera con La gran belleza (2013).
Por el lado Netflix algunas cosas han
llamado mi atención. Como soy budista, he visto budistas documentales como When the Iron Bird Flies (2012) o Crazy Wisdom (2011), sobre el maestro
tibetano Trungpa Rinpoche. También vi dos piezas de Banksy: Exit Through The Gift Shop (2010) y The Antics Roadshow (2011). ¿Qué más?
Algunos TED Talks. Y en el Netflix latino, recuerdo haber mirado el documental Serrat y Sabina: el símbolo y el cuate
(2014) o la película La vie d´Adèle (2013),
Palma de Oro en Cannes, sin duda merecida. Luego si quieren consumir fast food
pueden ver cosas como Holliwoo (2011)
o The Romantics (2010); o esa serie de
vampiros producida por Netflix, ¿cómo es que se llama?, Hemlock Grove, no está mal, supongo.
Finalmente, si les interesa algo de cine
nacional pueden ver en YouTube Juegos de
equilibrio (2014), un corto de ficción dirigido por Gustavo Maldonado.
(Contraluz publicada el 23
de enero de 2015 en revista Contrapoder.)

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