Curtido (12)


El cable para mí sigue siendo relevante, aún cuando ya estamos en eso del streaming. Hay algo que el Netflix no nos da, y que es sagrado: se trata del zapping, el arte dinámico de migrar constantemente de canal en canal, yendo a donde uno le venga en gana. En un contexto de zapping, uno se puede quedar viendo incluso un poco de entretenimiento tonto, como las Kardashians o Next Top Model, sin ser infectado. Dos minutos, y se pasa a otra cosa. Ahora que se ha venido la temporada de premios para cine y televisión, el cable me interesa particularmente, porque soy de los que me disfruto mucho esas ceremonias, y al parecer no soy el único.  

Hace un par de semanas presenciábamos en el cable los Golden Globes. Hemos visto –y ya reseñado algunas– de las películas que portaban una u otra nominación. Películas como Boyhood (2014), filmada a lo largo de doce años; The Theory of Everything (2014), sobre Stephen Hawking; Still Alice (2014), dura pieza sobre el alzheimer, con la muy genial Julianne Moore, y quien también sale en la cronenberiana Maps to the stars (2014); Nightcrawler (2014), oscura, certificable; The Grand Budapest Hotel (2014), una de las mejores, a no dudarlo, del año pasado; The Book of Life (2014), animación simpática basada en el día de los muertos mexicano, y en cuya producción participó Guillermo del Toro; The Judge (2014), con Robert Downey Jr; no dejen de ver Birdman (2014), de Iñarritu, nominada a mejor película en los premios Oscar; no perdería mucho tiempo en cambio con Into the Woods (2014): nos gusta Broadway, pero no siempre migra al cine con gracia.

Toda películas que he conseguido con mi vendedor de licas pirata, un profesional, y que me da materiales frescos y actuales que el cable no me puede dar. En la última camada le compré alhajas como The Homesman (2014), un western a venerar dirigido por Tommy Lee Jones; The face of love (2013), con Ed Harris y Annette Benning, relato de amor y de muerte; Fury (2014), el jabalí sangriento de la Segunda Guerra, desde la perspectiva del heroísmo pero también de la alteridad; Venus in fur (2014), de Polanski, ah, extraordinaria; Night moves (2013), acercamiento al ecoterrorismo; The Physician (2013), estimable en estos tiempos de odio al Islam; Million Dollar Arm (2014), para los amantes de los filmes deportivos; Magic in the Moonlight (2014), una película menor de Woody Allen; The Good Lie (2014), historia real sobre refugiados sudaneses; The Walk of Shame (2014), una comedia para no pensar; El hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos (2014) le gustará a muchos, menos a los criptolectores de Tolkien, que se escandalizan con las licencias de adaptación de Peter Jackson; Life After Beth (2014), comedia noir sobre zombis; Dracula Untold (2014), ya saben; La entrevista (2014), basura bestial que causó una gran tensión diplomática entre Corea del Norte y Estados Unidos.

Si lo de ustedes es la ciencia ficción pueden ver la estimulante Edge of tomorrow (2014), con Tom Cruise, un juego narrativo corpuscular; a todos nos gustó Guardians of the Galaxy (2014), ¿o no?; The Giver (2014) en cambio la califico como una cosa pobre para pobres bastardos socialdemocrátas.

Con el Buki –allá en el Amate– siempre se consigue material elevado y sináptico. La última vez que le visité le compré en el acto tres películas de Gaspar Noé: Carne (1991), Irreversible (2002), y Enter the Void (2009). Ya otro día le dedicaré una columna entera a este genio franco–argentino. También conseguí Antichrist (2009). No sé cómo no la había visto todavía, y más cuando se supone que yo a Lars von Trier lo conozco bien y de antes, desde su época de Dogma. Contiene una imagen violenta de agresión al falo, que algo nos recuerda a aquel clásico de Nagisa Oshima llamado El imperio de los sentidos (1976). El imperio de los sentidos es un viaje al trueno sangriento del placer (ubicable asimismo con el Buki, junto a El imperio de la pasión, que le valiera a Oshima el Cannes). Una película notable que conseguí fue Il Divo (2008), de Paolo Sorrentino, mostrándonos el funerario poder político italiano. Sorrentino, recordemos, se llevó el Oscar a mejor Película Extranjera con La gran belleza (2013).

Por el lado Netflix algunas cosas han llamado mi atención. Como soy budista, he visto budistas documentales como When the Iron Bird Flies (2012) o Crazy Wisdom (2011), sobre el maestro tibetano Trungpa Rinpoche. También vi dos piezas de Banksy: Exit Through The Gift Shop (2010) y The Antics Roadshow (2011). ¿Qué más? Algunos TED Talks. Y en el Netflix latino, recuerdo haber mirado el documental Serrat y Sabina: el símbolo y el cuate (2014) o la película La vie d´Adèle (2013), Palma de Oro en Cannes, sin duda merecida. Luego si quieren consumir fast food pueden ver cosas como Holliwoo (2011) o The Romantics (2010); o esa serie de vampiros producida por Netflix, ¿cómo es que se llama?, Hemlock Grove, no está mal, supongo.  

Finalmente, si les interesa algo de cine nacional pueden ver en YouTube Juegos de equilibrio (2014), un corto de ficción dirigido por Gustavo Maldonado.  
             

(Contraluz publicada el 23 de enero de 2015 en revista Contrapoder.)

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