Dondequiera que Maurice escriba una reseña de
cine habrá un curtido de películas listo para orientar las sensibilidades
cinéfilas.
Empecemos con Lo que el día debe a la noche (2012) que me lo quedó debiendo todo.
No me pareció pésima la trama básica (queda muy evidente que el filme fue
extraído de una novela seguramente espaciosa y metódica –cuya autora es, nos
enteramos luego, Yasmina Khadra–). No me pareció irrelevante el hecho de querer
describir en clave de ficción la existencia francesa en suelo árabe antes,
durante y después de la independencia argelina, todo entremezclado con una
historia de amor fallida. Me pareció,
sí, pésimo el modo en que lo aterrizaron todo: pudieron entregar un resultado resplandeciente,
terminaron cocinando un melodrama muy pero muy azucarado, de tosca alteridad, y
en suma poco disculpable.
Me puse a ver luego 5 dólares al día, una película de 2008 con Christopher Walken,
Alessando Nivola y Sharon Stone. Meh. La cosa empeoró notablemente con el filme
Más viejo que América (2008), que quise ver porque Bradley Cooper
aparece en él, pero resulto ser una película de tipo amateur, sin claroscuros,
y que no se decide entre el comentario moral–histórico y el cine de terror. Para
cine de terror, mejor miro Los marcados (2013),
la última de la remanida y autoplagiada serie Paranormal activity, y que, sin embargo, toda vez divierte.
Ya estaba empezando a perder las esperanzas de
ver algo decente cuando puse la australiana El
ojo de la tormenta (2011), de Fred Schepisi, basada en la novela de Patrick
White, y que ya me pareció un poquito más interesante. Geoffrey Rush, Charlotte
Rampling, Judy Davis. Con el tiempo, uno ha aprendido a apreciar estas
historias de familias farisaicas, en donde se han enquistado las bajas
pasiones, y donde el dinero es esa cosa repugnante como salida de Nido de serpientes, de Mauriac. Todo en
un contexto de enfermedad y mentira, acritud y comedia mate. Schepisi posee un
practicado estilo cinematográfico, que se las arregla para darnos momentos
interesantes.
Pero donde realmente ya me empecé a sentir a
gusto fue con Alabama Monroe (de
2012) (también llamada The Broken Circle Breakdown). Es buena. Es belga. Inspirada en una obra de teatro, es una película que
nos lleva al infierno subjetivo y de pareja –con fondo nada descartable de
bluegrass– que supone la muerte de un hijo (y uno recuerda aquella frase de
Rojas: “El mundo se me empezó a morir como un niño en la noche”). Estuvo
nominada recientemente a Oscar por mejor peli extranjera, y con toda la razón.
Antes de ponerle punto final a esta curtido,
menciono nomás dos filmes más. El primero es Gracias por compartir (2012), una comedia inteligente que trata
sobre el muy serio tema del sexolismo y la adicción y el estilo de vida propio
de los Doce Pasos, con todos sus retos. La otra película es The Bag man (2014), con John Cusack y
Robert De Niro, que estuvo a punto de gustarme, énfasis en “a punto”. Un asesino,
un motel, un encargo. Hasta luego.
(Columna publicada el 30 de mayo de 2014 en
Contrapoder.)

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