60´s–70´s. Una época (una épica)
cortical, mucha experimentación, y lo mismo en la academia, en donde toda clase
de profesores descoyuntados hacían búsquedas pragmáticas mutantes (no sé si hoy
será lo mismo, salvo en programas varios de entretenimiento televisivo).
Dando por demás resultados enormes. Así
en lo que respecta al comportamiento social. Las dos siguientes películas (que
vi en una misma semana, en una sincronicidad histeriforme) son casos reales, y
nos dan ambas resultados pavorosos sobre el poder y la obediencia, la conformidad
y lo autoritario. Concluyo después de verlas que si le das a alguien el permiso
de ser Hitler, será Hitler. Que si le das permiso de ser el judío en la cámara,
será de muy buena gana el judío en la cámara. Es para cagarse del miedo.
Experimenter (2015). Ninguna de las cosas que se
dicen en esta peli (producida por Magnolia) se pueden tomar a la ligera. Entonces,
es sobre el famoso psicólogo Stanley Milgram, que dio su vida al diseño de
experimentos behaviorales. (Que hayan elegido a Peter Sarsgaard para
representarlo fue una decisión supercorrecta, yo digo; aparte sale Winona
Ryder.) Por supuesto, la película se centra en buena parte –aunque no exclusivamente–
en el famoso experimento aquel de los electroshocks. Mismo que luego diera
lugar al libro razonado Obedience to Authority: An Experimental View.
Un experimento muy cuestionado. Y sin
embargo el rigor allí estaba, y la moral. Pasa que nadie quiere hacer las paces
con el hecho de que el ser humano más tierno y convencional siempre estará
dispuesto a ser un sádico –todo lo que necesita es que se le diga que lo sea.
Olvidemos eso y será Auschwitz nuevamente.
Aparte de lo interesante del tema de la
película, es la manera en que está construida, el humor formal que la compone, los
guiños.
The
Stanford Prison Experiment (2015). Si la película anterior era ya freakeante,
la presente lo es incluso más. Es una representación del famoso, clásico y verídico
experimento realizado en 1971 por Philip Zimbardo, en el cual se puso a
veinticuatro estudiantes de Stanford en una cárcel simulada (en el mismo
campus, por demás) con unos haciendo de guardias y otros de prisioneros. Lo ocurrido
a partir de allí solo cabe llamarlo de espantoso, por lo menos si hemos de
creer el reporte de la película. Espantoso cómo los sujetos empiezan a encarnar
sus roles jerárquicos con inférnica consistencia. Espantoso cómo, en un
momento, la crueldad y el masoquismo colonizan la totalidad de la situación, y
hasta el mismo Zimbardo pierde toda proporción de lo que está ocurriendo, cediendo
él también a las más ominosas relaciones de poder. En solo seis días, el
experimento terminó –cuando iba a ser de dos semanas– pues los desordenes de
los involucrados eran evidentes. El experimento arroja, más allá de las fallas
ya muy comentadas del mismo, interesantes datos nada esperanzadores sobre el
comportamiento en cautiverio. Por cierto, si quieren ver lo que hubiera pasado
si el experimento hubiera salido realmente mal, pueden ver la alemana Das experiment (2001), con el ya
conocido actor Moritz Bleibtreu, que toma lo ocurrido Stanford y lo lleva al
plano de la ficción, dándole un final imaginado y macabro (a lo mejor así
hubiera terminado el experimento real, de haber continuado). Puestos a
comparar, yo diría que unas cosas me gustaron más de The Stanford Prison Experiment y otras más de Das experiment.
(Contraluz publicada el 4 de diciembre
de 2015 en Contrapoder.)


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