Halloween terminó: se quedaron los fantasmas. Siempre
lo hacen. Con eso en mente, presentamos aquí dos películas con tópico espectral.
La primera es una película de fantasmas en el sentido clásico y sobrenatural de
la palabra. La segunda tiene que ver con los fantasmas del sistema, los
espíritus hambrientos que deambulan en las periferias del orden social. Estos
últimos, por cierto, dan mucho más miedo, mucha más tristeza.
Crimson
Peak (2015).
Le tenía expectativa a esta película y pronto, en la sala, perdimos toda esperanza.
No es que sea una mala película, no quiero concluir eso. Créanme que las
ambientaciones son espléndidas, espléndida la producción de arte, de una gótica
magnificencia, y están allí los cumplimientos actorales. No quisiera dar la
impresión de que este filme es una completa basura. Algo entretenido –para
decirlo en clave simple– es. Pero la trama nos quedó corta, solamente corta, y
sin ella no hay efecto ni cromatismo que valga. Sin alguna vuelta de tuerca, nos
quedamos con el fantasma de lo predecible y del bostezo. Muy superior, y menos
sonada, fue Stone Asylum, del año
pasado. Pero en Crimson Peak el
tráiler resultó mejor que la película. También yo he admirado los productos de
Guillermo del Toro, tales como El laberinto
del fauno o Hell Boy; o ya como
productor, El orfanato, por ejemplo.
Pero creo que a Crimson Peak se le
infló mucho, y rindió de veras menos.
Time out
of mind (2015).
Hemos visto a ese actor encontrado, Richard Gere, perder protagonismo en el
paisaje actoral. Pero no quiere ello decir que Gere no exista ni trabaje. Ese
actor encontrado, no menor, cada cierto tiempo nos rinde un material curioso
–piénsese en I´m not there (2007),
donde hace de Dylan/Billy the Kid– o nos
rinde un material ya estimable –como Time
out of mind. En Time out of mind él
representa muy de cerca de un homeless alcohólico, mentalmente inestable, en la
dura ciudad de Nueva York, dura siempre para quien no tiene casa, y para quien no
tiene trabajo, y no tiene familia, o la tiene, pero es como si no la tuviera. Y
es lo arduo, aquí, volver a un sistema que nada quiere saber del derrelicto y
que lo expulsa (por medio de una confirmada burocracia kafkiana de vaivén y
formulario) a la mendicidad eterna, a la sucia sobrevivencia, a refugios
semicarcelarios, y a una seguridad social que será ella misma siempre vulnerable
y precaria. Es una película con una textura mezclada de hastío y angustia
elongada, hecha sin tremendismos, pero clara de mensaje. El trabajo de Gere es
fundamental, en tanto que inmersión auténtica en el reinado de los ignorados.
Nos preguntamos si una obra como esta no merece un poco de más atención, aún
con las celebraciones que ya ha recibido.
(Contraluz publicada el 7 de noviembre
de 2015 en Contrapoder.)


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