Triple Mirren

La inglesa Helen Mirren es amplia artista, mujer de presencia, un continente de gracia actoral. Le dan todos esos papeles a ella, una señora natural que empezara en los sesenta, en tanto que a esas otras chicas ansiosas y timoratas surgidas hace nomás unos años resulta que ya se las tragó el olvido, que ya no son relevantes, que ya están plagadas de bubones, que ya están podridas y que ya están quemadas. Pero Helen Mirren sigue en la cima, y eso es porque es la cosa auténtica. Realeza curtida en el teatro más confirmado, además en la pantalla irradia sin mácula. Se diría que no hay rol que no domine. Se amanceba con todos sus personajes. Aquí presentamos tres películas suyas que hemos visto en las semanas recientes.

La última estación (2009). Esta seguramente se la compramos al Buki. Es una película que se mete a explorar los últimos días del gran Tolstoi –Christopher Plummer–  y cuya esposa, la Condesa Sofia Behrs –o sea Helen Mirren– no para de chingar. Si Tolstoi se escapó de su vasta hacienda a morirse a una fría estación de tren, es porque ya estaba en verdad harto de su mujer, que no lo dejaba en paz, en la mañana, en la tarde y en la noche. Lo mismo pudo haber dicho ella, ya cansada del culto alrededor de su marido, un auténtico rockstar, en su época. Y luego también recuerden que Tolstoi estaba en el trip de regalar todo lo que tenía, y con eso además el celibato, el vegetarianismo, esas cosas que a ella la ponían nerviosa, y con toda razón. Por ese rol, comédico y gutural al mismo tiempo, le dieron a Helen Mirren el Oscar, si mal no recuerdo. También destacan el propio Plummer, James McAvoy, Paul Giamatti.


The Hundred–Foot Journey (2014).  En español le pusieron: Un viaje de diez metros. Es una película que va tras el encuentro y desencuentro de dos culturas generales y culinarias: la india y la francesa. De modo que Helen Mirren es aquí, es ahora la dueña de uno de esos finos restaurantes psicorrígidos que andan en busca de estrellas Michelin. Cuando una familia hindú coloca su propio restaurante delante del suyo, vienen los veinte problemas de rigor. La película fue producida por Spielberg y Oprah. 


The Woman in Gold (2015). Interesante historia, vinculada a la expropiación y latrocinio del arte judío por parte de los nazis. Maria Altmann (Mirren) es una ceremonial y anciana judía interesada en recuperar el patrimonio de su familia, en cuenta el famosísimo cuadro de Klimt llamado Retrato de Adele Bloch–Bauer I.  Altmann fue a disputar todo eso a Austria, infructuosamente. Pero consiguió cebar el caso en la Corte Suprema de los Estados Unidos. Y ganó: con la ayuda de un abogado también judío y visionario, aquí representado por Ryan Reynolds, ganó.  Un caso real, no sé si ya lo dijimos.



(Contraluz publicada el 31 de julio de 2015 en Contrapoder.)

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