Curtido (15)


Empecemos por el sector Netflix, subsector horror. Encontramos dos rubís. Uno es Let me in (2010), remake de Matt Reeves, y una de las mejores películas de vampiros que hemos visto en vida. Será por el setting suburbano, será la actuación de una joven Chloë Grace Moretz, será el soundtrack exactísimo, será el factor de una historia de pasaje sensible, humana, circular, bellamente tejida, sobre la infancia y lo eterno, una historia que no depende del gore, y con todo no lo rechaza.
           
La otra película es la australiana The Badadook (2014) que, con elementos muy artísticos, en la veta de David Lynch y Kubrick, nos rinde una historia incómoda y bradburyana. La película funciona simultáneamente como alegoría –todos tenemos que aprender a relacionarnos con nuestros demonios– pero también como fantasía externa. Películas como estas nos devuelven la fe en el género del miedo. No es el caso de otras como Livide (2011), una estupidez francesa, o bien Out of The dark (2014), con Julia Stiles, lica que nos quedó cuta. No es que quiera ser mala onda, pero ambas merecen ser olvidadas y nada más.
           
Si el horror no es lo de ustedes, a lo mejor lo es la risa. Puede ver algunos de los standups de Netflix, para ello. Allí están los de Aziz Ansari. The Fartist (2013), de Brian Posehn. Chris Tucker Live (2015). I´m Gonna Die Alone (2015), de Jen Kirkman, no es la gran cosa, pero muy respetable nos pareció el show de Chris D´Elia, Incorregible (2015). El mejor, el que les va a dar la dosis comédica infinita, es el de Richard Pryor, Here and Now, de 1983. Yo estaría dispuesto a ver una y otra vez este standup hasta las Bodas del Cordero. Es lo que llamamos un clásico.
           
En términos de series, empecé a ver Sense8 de los hermanos Wachowski, y simplemente no me enganchó. Los hermanos Wachowski hicieron la trilogía The Matrix, que es como hacer la Abadía de Westminster, y luego otras películas meritorias. V for Vendetta (2006), Speed Racer (2008), Cloud Atlas (2012) y Jupiter Ascending (2015) son todos trabajos de valía que, algunos más algunos menos, he disfrutado. Sin embargo no conseguí para nada conectar con Sense8. El tema, no lo voy a negar, es interesante: la ubicuidad telepática, la transconectividad, la globalidad multicultural (veta que ya habíamos detectado en Heroes), pero la verdad es que con ver algunos capítulos ya estaba hasta los huevos. Quieren hacer algo hiperfresco y les va saliendo una cosa tumescente, por no decir aburrida.
           
A veces es buena idea salirse del Netflix y volver al cable, toparse con cualquier nimiedad para pasar el rato, por ejemplo, La Chica de la Capa Roja, 2011, una historia arquetípica hecha policiaco, no despreciable. Pero además a veces uno se topa con una genialidad, como Moonrise Kingdom (2012). He visto varias películas de Wes Anderson, todas me han gustado, pero por una razón que no tengo clara aún, esta me gustó especialmente.


(Contraluz publicada el 3 de julio de 2015 en Contrapoder.)

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