Más de Sorrentino

Ya hemos reseñado en este espacio La grande bellezza, y ahora reseñamos otras tres películas del creador cuajado Paolo Sorrentino (1970). Yo les doy mi palabra que Sorrentino es un genio cumplido y que su navaja fílmica (tributaria de Bertolucci y Scorsese) es totalmente virtuosa y que es hora de ver más y más de sus películas, que ya gozan un lugar privilegiado en nuestro arcón de cine. Esperamos (con impaciente impaciencia) sus próximos trabajos.

Las consecuencias del amor (2004). Sin tener la fuerza operática de La gran belleza, Las consecuencias del amor ya posee en esencia todo lo que nos ha gustado de ésta, además del mismo actor heráldico, Toni Servillo. Así por ejemplo, la película goza de esa cualidad reflexiva sobre la fuga del tiempo, y sobre el tiempo desperdiciado. Servillo hace de un personaje engolfado en una existencia discreta al servicio de la mafia y el lavado de dinero. Suya es la elegancia del aislamiento. Vive en un hotel en Suiza (un setting atinado) y otea a los otros que allí viven y trabajan. Lleva una rutina precisa y supersticiosa, hasta que se da, pues, una súbita traslación de destino. Todo por la bartender Sofia, representada por Olivia Magnani –tan magnánima de belleza. Frases brillantes. Soundtrack sin desperdicio. Una película reciente y clásica a la vez. 


This must be the place (2011). Por sus contornos visuales y auditivos; por su actor principal, Sean Penn, que hace de músico new wave retirado, de nombre Cheyenne (y para lo cual emula casi completamente a Robert Smith); por la trama que involucra la persecución de un viejo nazi; porque es una historia de extraños y mutantes ingredientes, que me hubiera encantado escribir; porque es una road movie con lugares delirantes (y también la película de un tardío rito de pasaje); por el personaje corky de Frances McDormand; porque sale, no sé si ya lo dije, Sean Penn, ese hombre duro que aquí hace de un hombre delicadísimo y pubescente; por la intervención brillante de David Byrne en un escenario; y por un resto de cosas más, adoro esta película, disponible en Netflix.  


The slow game (2011). Es un corto, y está en YouTube. Blanco y negro. Casi mudo. Cuadros y encuadres que proclaman un ojo vivo. Todo –los viajes de la cámara y rotaciones, los raccords, los zooms, los grandes planos, los detalles sobresalientes– destilan elegancia artística, constante significado fílmico, ambición visual permanente, un exaltado ritmo audiovisual. Agreguen el matizado humor, los personajes ejemplares, la pequeña trama sentimental, en torno al rugby, ya tienen una condensada obrita maestra.




(Contraluz publicada el 26 de septiembre de 2014.)  

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